¡Ahora es el momento!

Miguel Zurita, presidente de Ascri, ‘Co-chief investment officer’ y ‘managing partner’ de Altamar Capital Partners

30 abr 2019 / 10:54 H.

    El sector de Capital Privado (Venture Capital y Private Equity) se ha convertido en una pieza relevante de nuestra economía. En España gestionamos más de 25.000 millones de euros de ahorradores nacionales e internacionales y estamos presentes en el capital de cerca de 2.500 empresas, de las más dinámicas de nuestro país y que dan empleo a casi medio millón de personas. Las cifras confirman la tendencia creciente que está experimentando el sector español encadenando dos años de récords históricos de inversión que nos han permitido alcanzar ya por primera vez en 2017 la media de la UE en cuanto a inversión como porcentaje del PIB y superar los 6.000 millones de inversión en 2018. Estas cifras van acompañadas de importes igualmente relevantes de captación de fondos o desinversiones, situando al sector en una posición muy sana para acometer los próximos años con independencia de lo que el ciclo económico nos depare.

    Pero más allá de las ya más que relevantes cifras, hay que destacar el efecto dinamizador que tiene sobre la economía. Las empresas que reciben financiación de los fondos de capital privado, crecen más, invierten más, generan más empleo y mejoran más su rentabilidad. Y este es un efecto duradero. El resultado de la participación de un fondo en una empresa tiene efectos a largo plazo, se convierten en mejores compañías que mantienen estas características más allá del periodo de permanencia del fondo en su capital. Hoy nadie cuestiona que la innovación la financia este sector y que nuestra capacidad de ser una economía moderna y productiva está ligada al desarrollo que tenga el sector de venture capital, puntal del apoyo a los emprendedores.

    Debemos recordar además la contribución que el sector realiza para los ahorradores. En última instancia los beneficiarios de las plusvalías generadas por el sector somos los pensionistas y pagadores de primas a las compañías de seguros que en un entorno de bajos tipos de interés y mercados públicos muy volátiles tenemos pocas oportunidades de generar rentabilidades con unos niveles de riesgo razonables. Afortunadamente, ya no hace falta explicar que la inversión en Capital Privado es, además de financiación, aportación a la estrategia de las compañías, a su expansión o a la optimización de sus operaciones. Pero en la base de estos resultados hay algo más que a veces pasa desapercibido: el alineamiento de intereses a largo plazo, desde el inversor último hasta el equipo humano de las empresas participadas. Por supuesto, estoy hablando de alineamiento de intereses económicos en torno a la creación de valor, pero el hecho de que se cuente con un horizonte de largo plazo exige que esta creación de valor perdure en el tiempo. Esta perdurabilidad implica que los factores de sostenibilidad medioambiental y social, buenas prácticas de gobierno corporativo e incluso de solidaridad están perfectamente encajados dentro de los criterios de inversión bajo los que opera nuestro sector. No son una opción, y los inversores y gestores en nuestro sector los han abrazado por convicción personal, porque son una mejor manera de realizar nuestra actividad y e incluso por mero pragmatismo, ya que es algo que la sociedad nos exige.

    Esta evolución del sector en España se enmarca en una tendencia global de desarrollo de la inversión en activos privados. En la última década se han más que duplicado, alcanzando los 5 billones de dólares, ¡con 12 ceros detrás!, entre los que el más relevante es la inversión en Capital Privado. Este alineamiento de intereses y la capacidad de concentrarse en la creación de valor a largo plazo hacen que por un lado cada vez más empresas acudan a los mercados privados para financiarse, pero también que los inversores se sientan más atraídos por la rentabilidad que generan. En un entorno global de enorme liquidez, el poder aislarse de los vaivenes de los mercados públicos se ha convertido en una medida de protección y de reducción del riesgo. Estamos hablando de una tendencia secular y no de una moda exacerbada por las recientes políticas monetarias expansivas y como muestra, un botón. En Estados Unidos, desde el año 1995, el número de compañías cotizadas se ha reducido a la mitad y hoy está ligeramente por encima de las 4.000, mientras que el número de compañías en manos de fondos de Capital Privado supera las 7.000. En este mismo periodo el número de gestores de Capital Privado, ¡casi se ha multiplicado por diez!

    Y todo apunta a que el límite hasta dónde puede llegar el sector está lejos. Los 25.000 millones de euros gestionados por el sector en España comparan con más de 1 billón de euros de capitalización total de la bolsa española, es decir, suponen menos de un 2,5 por ciento de la capitalización bursátil. A nivel global, los activos privados, incluyendo otras categorías distintas a capital privado tales como inmobiliario o infraestructura, suponen del orden del 7 por ciento de la capitalización total de las bolsas mundiales.

    Considero que en estos momentos debemos incluir en el balance una reflexión sobre ciertas debilidades. En España hoy todavía es escasa la presencia de inversores nacionales y dependemos en exceso de inversores internacionales para la captación de recursos, así como de gestoras internacionales, en particular en las grandes operaciones.

    Los participantes en el sector tenemos que continuar actuando con responsabilidad, con visión de largo plazo y con transparencia. Por supuesto que cometeremos errores y que transparencia no significa que las compañías no puedan seguir operando con el beneficio de la privacidad. Pero precisamente por ello, es imprescindible comunicar cada vez más lo que hacemos y asumir que como parte esencial de nuestra economía, la sociedad nos exige unos altísimos estándares éticos y de compromiso social.

    Y desde Ascri continuaremos trabajando también para impulsar un marco normativo acorde con el de los países de nuestro entorno. Que no desincentive la inversión en nuestro sector privando a los ahorradores de la mejor alternativa de riesgo-rentabilidad que hoy ofrecen los mercados, que permita a los gestores nacionales desarrollarse e internacionalizarse y que permita a nuestras compañías, especialmente las más jóvenes, flexibilidad y capacidad de atraer y remunerar el talento.

    ¡Ahora es el momento!