El impacto de las personas
en el éxito de las transacciones

Meritxell Nadal, Socia de People and Organisation en PwC

28 ene 2020 / 08:50 H.

    Sin perjuicio de que los analistas auguren el inicio de una etapa de recesión económica, el volumen de transacciones no ha dejado de crecer. Las sociedades y fondos de capital privado han incrementado y diversificado sus inversiones en España de forma significativa en estos últimos años. Sin embargo, no todas las operaciones suponen un éxito en el medio o largo plazo, y si bien los motivos pueden ser muy dispares, queremos centrarnos en el impacto que las personas, en el sentido más amplio del término, tienen en las transacciones. Las empresas de capital privado, los fondos y los inversores corporativos e institucionales son cada vez más conscientes del protagonismo del factor humano en las operaciones y por ello han puesto foco en la importancia de tener un mayor conocimiento de los aspectos clave en el ámbito de recursos humanos de las compañías objetivo. Esta tendencia empezó en operaciones de inversores anglosajones y asiáticos, y se ha ido generalizando a nivel europeo, a medida que los inversores han ido tomando conciencia de hasta qué punto las cuestiones relativas al personal han incidido e inciden en el éxito o fracaso de fusiones y adquisiciones.

    El impacto del factor humano en las transacciones es muy amplio y puede analizarse desde distintos ángulos. Así por ejemplo, desde la perspectiva del inversor, puede evidenciarse en una fase preliminar mediante la detección de contingencias laborales en temas críticos en el marco de la transacción como un volumen relevante de trabajadores autónomos con riesgo de ser recalificados como empleados, incentivos a largo plazo excesivamente onerosos, insuficiencia de provisiones contables por aportaciones al Tesoro Público derivadas de despidos colectivos, numerosas horas extraordinarias irregulares, o compromisos por pensiones inadecuadamente cubiertos desde la perspectiva financiero actuarial. Cada uno de ellos puede implicar riesgos de varios cientos de miles de euros o incluso entrar en los temibles siete dígitos, contingencias con un impacto relevante en el precio de la transacción o que incluso, pueden llegar a hacerla inviable.

    No obstante, la incidencia del factor humano va más allá de la detección de riesgos laborales. El inversor necesita entender qué elementos configuran la cultura de la corporación, para evaluar si, por ejemplo, en el caso de una fusión o compra de rama de actividad, es compatible con su propia cultura o puede ser necesario tomar medidas para mitigar impactos. Es igualmente importante conocer si existe algún problema estructural que pueda impactar de forma negativa en el plan de negocio, como puede ser un ratio de absentismo por encima de los parámetros tolerables en el área de actividad, un índice de rotación de plantilla preocupante o un sistema de compensación desajustado o fuera de las prácticas de mercado. Asimismo, es relevante conocer si los procesos de Recursos Humanos como selección, formación, valoración de desempeño o tratamiento de la diversidad son adecuados atendiendo a la idiosincrasia del sector, a las exigencias del mercado y a las necesidades de la plantilla.

    Estas cuestionen requieren ampliar miras más allá del enfoque preliminar clásico comentado, centrado únicamente en identificar contingencias laborales que puedan impactar en el precio de la transacción, para conocer la realidad de las personas y procesos de Recursos Humanos que configuran el negocio que se pretende adquirir. Esta información será básica tras la operación para acometer las decisiones estratégicas en el ámbito de Recursos Humanos. La importancia de las personas como factor determinante en las transacciones se hace asimismo evidente en la necesidad por parte del inversor, de identificar a los empleados clave en el negocio que se pretende adquirir, cuya permanencia y motivación es necesaria para asegurar el éxito del plan de negocio y por ende, de la operación. No nos referimos solo al equipo directivo, que sin duda es una pieza esencial que requerirá una atención especial, sino también a aquellos empleados que ocupan posiciones estratégicas por su relación de confianza con los principales clientes, por su conocimiento específico técnico o del negocio o por tratarse de perfiles muy codiciados por la competencia. Ser capaces de identificar, retener y motivar adecuadamente a este colectivo, así como asegurar que el equipo directivo está alineado con el nuevo plan de negocio y es el adecuado para afrontar este nuevo reto, son sin duda aspectos indispensables para la creación de valor y el éxito de la transacción. Analizar las condiciones laborales y económicas del equipo directivo, ponerlas en relación con el mercado mediante benchmarking salariales para detectar si son competitivas, diseñar un plan de incentivos a medio plazo que garantice su permanencia y al mismo tiempo permita alinear sus intereses con los del inversor, lo que podría incluir la coinversión, son medidas altamente recomendables que deberían estar presentes en la agenda de cualquier transacción para reforzar el éxito de la misma.

    En línea con lo anterior, vale la pena destacar algunas conclusiones obtenidas de la encuesta efectuada por PwC a más de 600 ejecutivos de distintos países respecto a su experiencia en la creación de valor en las transacciones. Los resultados de la encuesta sitúan los aspectos relativos a la cultura y personas como una de las áreas clave a considerar desde el momento inicial de la transacción. En este sentido, el 89% de los inversores encuestados consideran que podría generarse mayor valor en la venta si la involucración del equipo directivo en el proceso fuese mayor. Por otra parte, respecto de aquellas operaciones en las que el valor se ha visto reducido, el 82% de los encuestados confirman haber perdido más de un 10% de los empleados clave tras la operación. Sin duda, tanto desde la posición del comprador como del vendedor, reconocer los perfiles profesionales clave, comunicar e incentivar de forma efectiva al talento para retenerlo e involucrarlo en el proceso de creación de valor, es esencial en cualquier transacción.