El ‘venture philantropy’ se abre camino en España

Javier Bustillo, socio director de Bustillo Abogados

25 jun 2019 / 10:56 H.

    La inversión de impacto social como nueva forma de inversión ha experimentado un crecimiento exponencial durante los últimos años en los mercados, principalmente europeos y anglosajones. En España, su potencial de desarrollo es prometedor pero de momento va lento y con muchos desafíos por delante.

    Estamos viviendo un momento de cambio, muy favorable a la inversión de impacto social y sostenible, tanto por la tendencia de los mercados globales como por la apuesta de los organismos europeos. El Plan de Acción sobre finanzas sostenibles publicado por la Comisión Europea en 2018 viene a confirmar que el sistema financiero tiene un papel fundamental en la reorientación de capital privado hacia inversiones más sostenibles y de impacto social y en fomentar la transparencia en las actividades financieras y económicas. La agenda 2030 para el desarrollo sostenible impulsada por Naciones Unidas presenta un gran abanico de oportunidades para la comunidad empresarial. Las empresas están tomando nota y las inversiones filantrópicas están aumentando de forma exponencial. Este crecimiento tiene su origen en la preocupación de los inversores y de las corporaciones en buscar algo más que un rendimiento económico y prestar una mayor atención a criterios de sostenibilidad e impacto social.

    El venture philantropy o inversión de impacto social es un fenómeno relativamente reciente y por eso es todavía un gran desconocido. El principal objetivo de la inversión de impacto es ayudar en la creación y en el crecimiento sostenible de las empresas que tiene fines sociales. Para ello, los inversores filantrópicos adquieren la metodología de los inversores de capital riesgo y facilitan recursos financieros a los emprendedores sociales y aportan valor añadido.

    La innovación del capital riesgo filantrópico reside en la capacidad de aunar dos mundos en principio enfrentados: el del capital riesgo, que busca maximizar la rentabilidad invirtiendo en empresas con alto riesgo, con el de la filantropía, cuyo objetivo es ayudar a los más necesitados. El principal cambio del modelo de inversión de impacto reside en que los fondos que recibe la empresa social no son una donación o subvención a fondo perdido, como en el caso de la filantropía tradicional y que el éxito de una inversión no se mide únicamente en términos económicos.

    La filantropía empresarial ha surgido en Europa como una nueva tendencia en la cual el espíritu filantrópico se une al espíritu inversor: el resultado es un planteamiento a largo plazo para crear impacto social. Este aspecto es uno de sus grandes atractivos ya que el filántropo empresarial suele garantizar esa implicación a largo plazo con el proyecto, desarrollando un papel de guía en la implantación de las actividades. En este sentido, las entidades que se dedican a la Inversión Filantrópica pueden asumir distintas formas jurídicas, existiendo desde sociedades mercantiles, Fondos de Inversión, Empresas Sociales, Fundaciones, Fondos Fiduciarios, Asociaciones, etc.

    En España, la mayoría de compañías del Ibex 35 ponen el foco en los asuntos relativos a gobierno corporativo y responsabilidad social corporativa (RSC) desde una perspectiva más tradicional aunque están avanzando poco a poco hacia un enfoque más amplio, orientado a la inversión que analiza las oportunidades que pueden surgir de inversiones corporativas, tanto para obtener un rendimiento financiero como para el impacto social o sostenible.

    Para entender la filantropía empresarial, hay que hacer una distinción entre la empresa y lo que se denomina “vehículos corporativos de impacto social”. Estos últimos son entidades relacionadas con la empresa que tienen una misión social clara, como fundaciones corporativas, fondos de impacto social e incubadoras y aceleradoras para el emprendimiento social. Esos vehículos priorizan un impacto social sobre el empresarial o incluso puede que tengan solo un impacto social.

    Sin embargo, convertir los desafíos sociales en oportunidades de negocios sigue siendo una idea novedosa y arriesgada. La mayoría de las empresas aún están lidiando con estructuras centradas en KPI clásicos con un enfoque financiero. En un entorno difícil y competitivo, solo algunas empresas, a menudo dirigidas por líderes que ya han adoptado este nuevo paradigma y que han incorporado este enfoque en su ADN, están logrando adoptar estrategias en las que se crean simultáneamente valores económicos y sociales.

    Los vehículos corporativos dedicados al impacto social, como fundaciones, aceleradores, incubadoras o fondos de impacto social que practican la inversión social, pueden crear una zona común con cierta seguridad que se mueva entre la empresa y su negocio, pero que no se vea afectada por su funcionamiento y el beneficio a corto plazo. En otras palabras, les permite buscar y experimentar la creación de valor social sin desconectarse necesariamente de los objetivos comerciales a largo plazo.

    Cada vez vemos más empresas que pasan de una posición de mitigación de riesgos a una estrategia de creación de valor demostrando que los desafíos sociales realmente ofrecen oportunidades de negocio. Durante los próximos años, si las compañías no se replantean sus modelos de negocios a raíz de los desafíos sociales actuales, perderán el tren de una tendencia ya imparable.